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Mi camino en el Counseling

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 Hace algunos años recibí, en distintos momentos, preguntas de dos estudiantes de Counseling: una de Rosario, Argentina, y otra de Texas A&M International University, en Estados Unidos. Volver a leer aquellas entrevistas me llevó a revisar algunas respuestas desde la experiencia acumulada durante estos años. Esta publicación reúne algunas de esas preguntas y las responde desde mi mirada actual. ¿Cómo elegiste la carrera de Counseling? Llegué al Counseling casi sin saber exactamente de qué se trataba. Una amiga me había hablado de la carrera y despertó mi curiosidad. Años antes había comenzado Psicología en la UBA, pero había dejado la carrera inconclusa. Seguía interesándome profundamente comprender a las personas, los vínculos y la manera en que atravesamos nuestras experiencias. Cuando conocí el Counseling encontré una propuesta diferente, muy vinculada con la escucha, el encuentro y el desarrollo personal. Y ahí me quedé. ¿La formación en Counseling también modifica a quien ...

Cuando todo pesa

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No pasa nada extraordinario y, sin embargo, todo empieza a sentirse demasiado. Las tareas de siempre pesan más. La paciencia se acorta. Cuesta desconectarse. Aparece la sensación de estar funcionando en automático: cumpliendo, resolviendo, sosteniendo. Y seguimos adelante sin detenernos a registrar qué nos está pasando. Quizás porque hay cosas que no pueden esperar, porque otros cuentan con nosotros o porque ya nos acostumbramos a dejar lo propio para después. El peso también puede estar en la suma de pequeñas demandas que no dan tregua. Las exigencias laborales o económicas, las dificultades en los vínculos, el exceso de responsabilidades y la preocupación sostenida van ocupando espacio. Si a eso se suman la falta de descanso, el poco tiempo propio y la sensación de tener que estar disponibles para todos, cuesta encontrar un momento de alivio. Podemos sentirnos más irritables, cansados o con menos interés y disposición para disfrutar. Vale la pena prestar atención a esos cambios, sin ...

El problema de agradar

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Hay algo que socialmente se valora mucho: agradar. Ser comprensiva. Ser adaptable. Ser la que no genera conflicto. La que entiende todo. Y en sí mismo, eso no es negativo. Agradar también es una habilidad social. Nos permite convivir, trabajar con otros y sostener vínculos. El problema empieza cuando esa habilidad se convierte en la única forma de estar en el mundo. Hay personas que aprendieron muy temprano que el cariño, el reconocimiento o la pertenencia dependían de no incomodar. De anticiparse. De acomodarse antes de que algo estalle. A veces empezamos a recortarnos para gustar. Para encajar. Para ser aceptados. Pero… ¿a qué precio? Vamos moldeando gestos, palabras e incluso emociones. Disimulamos el enojo. Callamos una opinión. Decimos “sí” cuando en realidad queríamos decir “no”. Y así, lentamente, algo de nosotros se va apagando. Ese aprendizaje puede dejar huella. Con el tiempo desarrollamos un radar muy fino para leer el clima emocional de los demás. Detectamos tensiones, nos ...

Decir no

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      "Sí, no hay problema”. Lo dijimos rápido. Después miramos la agenda, sentimos el cansancio o recordamos lo que queríamos hacer con ese tiempo. El problema existía; todavía no lo habíamos tenido en cuenta al responder. Un pedido puede venir de alguien a quien queremos, de una persona que necesita ayuda o de alguien cuya opinión nos importa. Antes de contestar, también necesitamos escucharnos: ¿puedo?, ¿quiero?, ¿qué implica para mí aceptar? Entre recibir un pedido y comprometernos puede haber una pausa. Darnos tiempo para responder No todos los pedidos necesitan una respuesta inmediata. Podemos decir: “Dejame revisar cómo estoy de tiempo y te confirmo”. “Necesito pensarlo antes de comprometerme”. Esa pausa permite considerar nuestras posibilidades reales. También ayuda a distinguir entre las ganas de colaborar y el impulso de evitar una incomodidad. Podemos elegir hacer un esfuerzo por alguien, incluso cuando no nos resulta cómodo. Lo importante es reconocer qué esta...

Vínculos que nutren o agotan

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Hay vínculos que amplían la respiración. Otros la vuelven corta. No es una cuestión romántica ni moral. Es una experiencia concreta. Se percibe en el cuerpo, en el nivel de energía con el que uno sale de un encuentro, en la claridad o la confusión que queda después de conversar. Existen relaciones que funcionan como espacio de expansión. Y otras que operan como sistema de desgaste lento. Un vínculo que nutre escucha con verdadera disposición. No está aguardando su turno para intervenir. Hay interés genuino por comprender. La palabra del otro no es una pausa incómoda hasta que pueda volver a hablar de sí mismo, sino un territorio que merece ser recorrido. En ese tipo de relación hay lugar. Lugar para pensar distinto. Para cambiar de opinión. Para atravesar un mal momento sin ser corregido ni evaluado. No hay invasión encubierta bajo la forma de preocupación excesiva ni supervisión constante disfrazada de cuidado. También se reconoce en la circulación del dar y recibir. Cuando alguien of...

Diferentes personas y la misma historia

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Una conversación con alguien nuevo nos deja una sensación conocida: otra vez terminamos justificándonos, callando lo que necesitábamos o esperando una respuesta que no llega. Cambian las personas, pero algo de lo que vivimos se parece. Puede ocurrir en una pareja, entre amistades, en la familia o en el trabajo. Esa semejanza merece una mirada atenta. ¿Qué se repite exactamente? ¿La manera en que nos tratan, el lugar que terminamos ocupando, lo que esperamos o nuestra dificultad para expresar un desacuerdo? Mirar una situación concreta A veces decimos “siempre me pasa lo mismo” cuando estamos dolidos. La frase expresa cansancio, aunque puede reunir experiencias que tienen diferencias importantes. Detenernos en una situación ayuda a comprender mejor: qué ocurrió, qué hizo cada persona, qué dijimos y qué quedó sin expresar. Quizás descubramos que solemos asumir responsabilidades sin conversar cómo repartirlas. O que, por temor a una discusión, dejamos pasar molestias hasta que ya estamos ...