La persona desde mi mirada
Cuando escucho a alguien, también está presente mi manera de comprender al ser humano. Esa mirada orienta mis preguntas, aquello a lo que presto atención y el lugar que asumo al acompañar.
Mi trabajo como Consultora Psicológica se nutre de la perspectiva humanística y del Enfoque Centrado en la Persona. Desde allí fui construyendo una convicción: para comprender a alguien, necesito acercarme a su experiencia sin dar por supuesto quién es ni cómo debería vivir.
Una persona entera, en un mundo compartido
Entiendo a la persona como una totalidad en la que cuerpo, emociones, pensamientos, vínculos e historia se encuentran profundamente relacionados. Las condiciones materiales y culturales también participan de nuestra experiencia: el trabajo, las posibilidades económicas, las responsabilidades y los lugares que habitamos.
Podemos distinguir estas dimensiones para comprenderlas mejor, pero en la vida aparecen entrelazadas. Una decisión laboral puede involucrar el sustento, la identidad, las expectativas familiares y el deseo de hacer algo propio. Una dificultad para poner límites puede estar ligada tanto al temor de decepcionar como a una dependencia económica concreta.
Por eso me interesa conocer qué lugar ocupa una preocupación en la vida de quien la trae. La persona siempre es más amplia que el motivo por el que consulta.
Cada experiencia tiene un significado
Una misma situación puede ser vivida de maneras muy diferentes. Lo que para alguien representa una oportunidad, para otra persona puede significar una amenaza, una pérdida o una exigencia que llega en un momento difícil.
Escuchar supone acercarme a esos significados. Preguntarme cómo vive esa persona lo que le sucede, qué teme perder, qué desea cuidar y qué posibilidades alcanza a reconocer.
También requiere admitir que mi primera comprensión puede ser incompleta. La experiencia del otro no tiene por qué encajar en mis explicaciones.
Las palabras ayudan a nombrar y organizar lo vivido. Pero hay experiencias que todavía no encuentran una expresión clara: una sensación corporal, una incomodidad difusa, algo que se vuelve presente y cuesta explicar. Me interesa dar lugar a ese registro, sin apresurarlo ni interpretarlo desde afuera.
Nos constituimos con otros
Nuestra historia se construye en relación. Aprendemos maneras de confiar, de pedir, de protegernos y de hacernos un lugar. Incorporamos valores, expectativas y formas de mirar el mundo.
Mucho de lo recibido sigue siendo valioso. Otras cosas necesitan una revisión: una exigencia que ya no podemos sostener, una manera de vincularnos que nos limita, una idea sobre nosotros mismos que quedó demasiado estrecha.
Autoconocernos incluye reconocer esas influencias y preguntarnos qué hacemos hoy con ellas. Qué queremos conservar, qué deseamos transformar y qué apoyos necesitamos para hacerlo.
La autonomía se construye dentro de esa trama. Puede expresarse al tomar una decisión propia, al pedir ayuda o al aceptar que necesitamos a otros sin dejar por eso nuestras elecciones en sus manos.
Una libertad situada
Me importa la capacidad humana de elegir y asumir una posición ante lo que sucede. También me importa reconocer que esa capacidad se ejerce en condiciones concretas.
Hay pérdidas que no elegimos, oportunidades que no están disponibles y situaciones que restringen profundamente nuestro margen de acción. Decirle a alguien que todo depende de su actitud puede desconocer lo que está atravesando.
Prefiero explorar qué posibilidades existen en su situación real. Quizás pueda tomar una decisión importante. Quizás necesite primero conseguir apoyo, proteger un espacio propio o reconocer un límite.
La pregunta por la libertad tiene sentido cuando incluye tanto lo que podemos elegir como aquello que hoy nos condiciona.
Personas capaces de cambiar, sin obligación de poder con todo
Confío en la posibilidad de aprender, revisar lo vivido y desarrollar recursos. Esa confianza forma parte de mi manera de acompañar.
Pero no espero que una persona transforme cada dolor en una enseñanza ni que encuentre enseguida una salida. Hay momentos de incertidumbre, contradicción y cansancio que también necesitan lugar.
Aceptar lo que nos pasa puede permitirnos mirarlo con mayor honestidad. Reconocer un sentimiento no nos obliga a actuarlo; comprender una conducta tampoco nos impide revisar sus consecuencias. Podemos dar lugar a nuestra experiencia y hacernos responsables de lo que hacemos con ella.
El pasado participa de nuestro presente, aunque no podamos modificar lo ocurrido. Podemos revisar cómo lo comprendemos, qué seguimos sosteniendo y qué dirección queremos dar a nuestros próximos pasos.
Desde ahí, mi escucha
Esta concepción de la persona se expresa en decisiones concretas de mi trabajo: escuchar antes de concluir, preguntar antes de suponer, considerar el contexto y respetar los tiempos del proceso.
También implica ofrecer una mirada que pueda señalar contradicciones, abrir preguntas y acompañar decisiones difíciles. Confío en que un vínculo respetuoso puede incluir el desacuerdo y la revisión.
Quien consulta trae conocimientos sobre su propia vida, aunque llegue con dudas o sienta que ha perdido el rumbo. Mi tarea es favorecer un espacio donde pueda reconocerlos, ampliarlos y construir criterios propios.
Desde ahí escucho: con respeto por la historia que la persona trae, interés por cómo vive su presente y apertura hacia lo que todavía puede construir.
Graciela Vazquez
Consultora Psicológica (Counselor)
Acompañando desde la escucha
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