Cuando todo pesa
No pasa nada extraordinario y, sin embargo, todo empieza a sentirse demasiado. Las tareas de siempre pesan más. La paciencia se acorta. Cuesta desconectarse. Aparece la sensación de estar funcionando en automático: cumpliendo, resolviendo, sosteniendo. Y seguimos adelante sin detenernos a registrar qué nos está pasando. Quizás porque hay cosas que no pueden esperar, porque otros cuentan con nosotros o porque ya nos acostumbramos a dejar lo propio para después. El peso también puede estar en la suma de pequeñas demandas que no dan tregua. Las exigencias laborales o económicas, las dificultades en los vínculos, el exceso de responsabilidades y la preocupación sostenida van ocupando espacio. Si a eso se suman la falta de descanso, el poco tiempo propio y la sensación de tener que estar disponibles para todos, cuesta encontrar un momento de alivio. Podemos sentirnos más irritables, cansados o con menos interés y disposición para disfrutar. Vale la pena prestar atención a esos cambios, sin ...