Una conversación sobre Counseling: por qué elegí esta profesión y cómo entiendo hoy mi trabajo
Hace algunos años recibí, en distintos momentos, preguntas de dos estudiantes de Counseling: una de Rosario, Argentina, y otra de Texas A&M International University, en Estados Unidos.
Volver a leer aquellas entrevistas me llevó a revisar algunas respuestas desde la experiencia acumulada durante estos años.
Esta publicación reúne algunas de esas preguntas y las responde desde mi mirada actual.
¿Cómo elegiste la carrera de Counseling?
Llegué al Counseling casi sin saber exactamente de qué se trataba. Una amiga me había hablado de la carrera y despertó mi curiosidad.
Años antes había comenzado Psicología en la UBA, pero había dejado la carrera inconclusa. Seguía interesándome profundamente comprender a las personas, los vínculos y la manera en que atravesamos nuestras experiencias.
Cuando conocí el Counseling encontré una propuesta diferente, muy vinculada con la escucha, el encuentro y el desarrollo personal.
Y ahí me quedé.
¿La formación en Counseling también modifica a quien la estudia?
En mi experiencia, sí.
El Counseling no se aprende solamente desde los libros. Muchos de sus contenidos inevitablemente nos llevan a mirarnos, revisar nuestras maneras de vincularnos y preguntarnos cómo estamos con otros.
El Enfoque Centrado en la Persona de Carl Rogers fue especialmente significativo para mí.
Aprender sobre congruencia, empatía y aceptación no significó simplemente incorporar conceptos: implicó empezar a observar cómo los llevaba —o no— a mis propios vínculos.
¿Qué lugar ocupa la ética en esta profesión?
Un lugar central.
Trabajar con personas supone una responsabilidad. La confianza que alguien deposita en un profesional necesita ser cuidada.
Eso implica respetar la confidencialidad, reconocer nuestros límites profesionales, revisar nuestras intervenciones y saber cuándo una situación requiere la participación de profesionales de otras disciplinas.
Por eso considero fundamentales la formación permanente y la supervisión profesional.
¿Qué características considerás importantes en un Counselor?
La capacidad de escuchar realmente.
Parece sencillo, pero escuchar no es solamente permanecer en silencio mientras otra persona habla.
Implica intentar comprender su experiencia sin apresurarse a juzgarla, interpretarla o decirle qué debería hacer.
También considero esenciales la empatía, la autenticidad y la capacidad de construir un vínculo profesional basado en el respeto y la confianza.
¿El Counselor da consejos?
No entiendo mi trabajo de esa manera.
Una persona puede llegar diciendo: “Decime qué hago”.
Pero una decisión que sirve para mí puede no servir para otra persona.
Mi tarea no es decidir por quien consulta, sino ayudarla a ampliar la mirada, reconocer qué necesita, explorar alternativas y encontrar sus propios criterios para elegir.
Eso favorece algo que considero central: la autonomía.
¿Qué diferencia hay entre un encuentro individual y uno grupal?
Son experiencias diferentes y ambas pueden ser muy enriquecedoras.
El espacio individual permite detenerse sobre situaciones personales con mayor intimidad y profundidad.
En los grupos aparece algo distinto: las experiencias de los otros también nos muestran nuevas perspectivas. Podemos descubrir que ciertas dificultades no son exclusivamente nuestras, observar otras maneras de afrontar situaciones y reconocernos a través del intercambio.
No pensaría una modalidad contra la otra.
Más bien: individual y grupal, según las necesidades y objetivos de cada persona.
¿Qué hacés cuando aparece una duda sobre tu propia práctica?
La supervisión profesional ocupa un lugar muy importante.
Poder revisar una situación con otro profesional permite tomar distancia, pensar alternativas, observar nuestras propias reacciones y cuidar mejor el proceso.
También considero fundamental la capacitación continua.
Después de tantos años de ejercicio profesional sigo estudiando, leyendo, enseñando y aprendiendo.
¿Con qué enfoques trabajás?
Mi formación de base está profundamente vinculada al Enfoque Centrado en la Persona de Carl Rogers.
A lo largo de los años fui incorporando además aportes de Gestalt, Focusing, enfoques sistémicos, Logoterapia y Comunicación No Violenta, entre otros.
No entiendo estas herramientas como recetas.
Las utilizo como diferentes maneras de comprender situaciones humanas, siempre dentro del encuadre profesional del Counseling.
¿Qué es lo que más valorás de esta profesión?
Algo que sigo encontrando profundamente valioso es comprobar que muchas personas poseen recursos que, en determinados momentos de la vida, no logran reconocer.
A veces una crisis, una pérdida, un conflicto o una decisión difícil estrechan nuestra mirada.
Un espacio de escucha puede permitir detenerse, ordenar, comprender y volver a mirar.
No porque otra persona tenga las respuestas.
Sino porque, muchas veces, necesitamos un vínculo en el que podamos escucharnos también a nosotros mismos.
¿Seguís pensando que el Counseling es necesario hoy?
Sí, aunque hoy lo expresaría de manera diferente a como lo hice años atrás.
Vivimos con mucha información, muchas exigencias y una gran velocidad cotidiana. Podemos estar permanentemente comunicados y, al mismo tiempo, tener pocos espacios en los que detenernos a pensar qué nos está pasando.
Por eso considero valioso que existan espacios profesionales destinados a la escucha, la reflexión, los vínculos, las decisiones y el desarrollo personal.
Si tuvieras que decirle algo a alguien que está estudiando Counseling, ¿qué le dirías?
Que estudie mucho, pero que no se limite a estudiar.
Que participe, pregunte, dude, practique y se deje interpelar por lo que aprende.
Que haga proceso personal.
Que busque supervisión cuando empiece a trabajar.
Que no tenga miedo de decir “esto no lo sé”.
Y, sobre todo, que recuerde que delante suyo nunca habrá un concepto, una teoría ni un “caso”.
Habrá una persona.
Graciela Vazquez
Consultora Psicológica (Counselor)
Acompañando desde la escucha



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