Nido Vacío
Durante años, muchas decisiones cotidianas se organizan alrededor de los hijos: los horarios, las comidas, las vacaciones, los gastos, las preocupaciones. Hasta que algo cambia. Ya no hace falta buscarlos, recordárselo todo ni estar disponibles del mismo modo. Tienen sus planes, sus vínculos y una vida de la que empezamos a conocer solo lo que eligen contarnos. Quizás se van de casa. Quizás siguen viviendo con nosotros, pero su independencia ya se hace sentir. Y aparece una pregunta que puede entusiasmarnos tanto como desconcertarnos: ¿qué quiero hacer ahora con este lugar que empieza a quedar disponible en mi vida? Una casa distinta, un lugar que cambia La expresión “nido vacío” suele asociarse con la partida de los hijos. Sin embargo, la casa puede seguir habitada y sentirse diferente. Lo que cambia también es nuestro lugar: dejamos de ser indispensables para muchas cuestiones en las que antes éramos protagonistas. Podemos alegrarnos por su autonomía y extrañar la cercanía cotidiana....