Recursos culturales como disparadores de reflexión

 A veces una frase, una canción, una escena o un personaje nos toca de una manera especial.

No necesariamente porque cuente nuestra historia exactamente, sino porque algo de lo que vemos o escuchamos parece poner en palabras una experiencia propia.

Puede pasar con un libro, una película, una serie, una canción, un poema, un podcast o incluso un video breve.

De pronto pensamos:
“Esto habla de mí.”

Y ahí puede abrirse una puerta interesante.

Hace años conocí el concepto de biblioterapia a partir de la Logoterapia y del trabajo de Claudio García Pintos. En ese momento el recurso estaba muy ligado a los libros y a la palabra escrita.

Con el tiempo fui ampliando esa idea.

Hoy encuentro que muchos materiales culturales pueden funcionar como disparadores de reflexión.

No porque den respuestas prefabricadas ni porque sustituyan un proceso profesional, sino porque a veces permiten mirar una situación desde otro lugar.

Recuerdo, por ejemplo, a una consultante que se sentía vulnerable y confundida frente a una situación que estaba atravesando.

En una conversación apareció un personaje de una serie que ella admiraba especialmente.

Entonces le pregunté:

“¿Qué haría esa heroína en esta situación que estás atravesando vos?”

La pregunta no buscaba que imitara a un personaje.

Servía para tomar distancia y explorar qué cualidades admiraba en ella, qué recursos veía allí y cuáles de esos recursos podía reconocer también en sí misma.

En otra oportunidad, una consultante que estaba atravesando una separación me contó que escuchaba una canción una y otra vez.

Me dijo:

“Es como si Miley Cyrus la hubiera escrito para mí.”

Más que analizar la canción, nos detuvimos en otra pregunta:

“¿Qué mensaje encontrás ahí que sentís que habla de vos?”

Y desde allí apareció material muy valioso para pensar qué estaba viviendo, qué necesitaba y qué significado encontraba en esa letra.

A veces un personaje nos presta una mirada.

Una canción nos presta palabras.

Una película nos muestra una posibilidad.

Un cuento nos ayuda a reconocer algo que todavía no habíamos podido nombrar.

Por eso, en algunos encuentros pueden aparecer libros, escenas, canciones, series, películas o videos.

No como tarea obligatoria.

No como receta.

Sino como un recurso más para abrir preguntas y facilitar nuevas maneras de mirar una experiencia.

También ocurre al revés: muchas veces es la propia persona quien trae aquello que la movilizó.

Una frase que leyó.

Una escena que no pudo olvidar.

Una canción que escucha una y otra vez.

Un personaje con el que se identifica.

Y ese material puede convertirse en un punto de partida.

Porque a veces no encontramos las palabras hasta que alguien más —un escritor, un personaje, una canción— las pone delante nuestro.

Y entonces algo empieza a ordenarse.

Algo se vuelve pensable.

Algo encuentra nombre.

Graciela Vazquez
Consultora Psicológica (Counselor)
Acompañando desde la escucha

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