Supervisión en Counseling

 Hay encuentros que siguen resonando después de que la persona se va. Una pregunta que no hicimos, una intervención que nos dejó dudas, una sensación de estar dando vueltas sobre lo mismo. Otras veces, salimos convencidos de haber comprendido y, al revisar lo sucedido con alguien más, aparece una perspectiva que no habíamos considerado.

Quienes acompañamos a otras personas también necesitamos espacios para pensar nuestro trabajo. La supervisión ofrece esa posibilidad: detenernos, ampliar la mirada y revisar cómo estamos participando en cada proceso.

La experiencia aporta recursos, pero no nos vuelve inmunes a los puntos ciegos.

¿Qué miramos cuando supervisamos?

En un espacio de supervisión podemos revisar una situación que nos genera dudas, una dificultad en el vínculo, una decisión sobre el encuadre o un proceso en el que nos cuesta encontrar una dirección.

También podemos preguntarnos por nuestras propias intervenciones: qué escuchamos, qué dimos por supuesto, qué elegimos señalar y con qué intención. A veces, aquello que parecía una dificultad de la persona que consulta se vuelve una pregunta sobre nuestra manera de acompañarla.

¿Estamos respetando sus tiempos o nos apura que algo cambie? ¿Estamos escuchando lo que trae o buscando confirmar nuestra primera interpretación? ¿Nos cuesta sostener un silencio, expresar un límite o reconocer que necesitamos una interconsulta?

Estas preguntas permiten volver sobre la práctica y comprender mejor las decisiones que tomamos.

Lo que nos pasa también participa del encuentro

Nuestra herramienta de trabajo incluye nuestra propia persona: la sensibilidad, la historia, los valores y la forma de vincularnos. Eso puede enriquecer la escucha, pero también requiere revisión.

Podemos identificarnos demasiado con una experiencia, sentir rechazo ante una decisión o querer ayudar con tanta urgencia que terminemos adelantándonos al proceso del otro. Reconocerlo exige honestidad y un clima en el que sea posible hablar sin tener que demostrar que sabemos resolverlo todo.

En supervisión, lo que sentimos se explora en relación con nuestro rol y con sus efectos sobre el acompañamiento. Si aparecen cuestiones que necesitan un trabajo personal más profundo, podrán encontrar su lugar en otro espacio.

Poder decir “esto me cuesta” también forma parte de una práctica responsable.

Construir criterio propio

Entiendo la supervisión como un trabajo compartido que articula experiencia, teoría y reflexión. Quien supervisa aporta preguntas, observaciones y devoluciones; también ayuda a advertir aspectos que merecen mayor atención.

Me interesa que ese intercambio fortalezca la capacidad del counselor para fundamentar sus decisiones. Que pueda reconocer qué hace, por qué lo hace y qué necesita revisar, conservando la responsabilidad sobre su práctica.

Una supervisión valiosa puede dejarnos con nuevas preguntas. A veces, salir con una mirada menos apresurada y más amplia resulta más útil que llevarnos una respuesta inmediata.

El encuadre también se revisa

Los acuerdos de trabajo, la confidencialidad, los límites del rol y la pertinencia de una interconsulta o una derivación forman parte de la supervisión. Son cuestiones presentes en decisiones cotidianas, incluso en aquellas que parecen pequeñas.

El propio espacio de supervisión necesita acuerdos claros y un tratamiento cuidadoso de la información compartida, resguardando la identidad y la intimidad de las personas involucradas.

Un espacio para seguir aprendiendo

La supervisión puede acompañar los primeros pasos profesionales y también una trayectoria de muchos años. Cada proceso nos enfrenta con personas, circunstancias y preguntas diferentes.

En mi manera de entender este trabajo, supervisar implica ofrecer una escucha atenta y una mirada que pueda preguntar, señalar y, cuando haga falta, cuestionar. Un intercambio respetuoso también necesita poder incomodarnos un poco: sobre todo cuando nos ayuda a reconocer algo que veníamos dejando fuera de nuestra mirada.

Acompañar a otros requiere presencia, compromiso y disposición para aprender. Darnos un espacio para revisar cómo lo hacemos es parte de ese compromiso.

Graciela Vazquez
Consultora Psicológica (Counselor)

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